Homeopatía

La homeopatía es un método desarrollado hace más de 200 años por un médico alemán, el doctor Hanhemann. Consiste en la aplicación en medicina de la ley de la semejanza. ¿Y qué es la ley de la semejanza? Ya Hipócrates, el padre de la medicina, describió cuales eran las 3 formas distintas en tratar las enfermedades, basándose en la relación entre los síntomas de la enfermedad a tratar y los síntomas producidos en la persona sana por el medicamento que en cada caso tenía que tomar o administrársele a la persona enferma. La ALOPATIA es tratar las enfermedades con medicamentos que producen síntomas distintos a los que tiene el enfermo, por ejemplo tratar un edema agudo de pulmón con un diurético, la enantiopatía o antipatía en la que se tratan las enfermedades con aquello que produce los síntomas contrarios a los que presenta el enfermo, por ejemplo si alguien tiene insomnio le demos algo que produzca sueño o si tiene excesiva somnolencia un estimulante. Por último la homeopatía trata a la persona enferma con fármacos que en el individuo sano producen síntomas con la mayor semejanza posible a aquellos que está manifestando el enfermo. 

Cuando padecemos una enfermedad nos percatamos de que estamos enfermos porque aparecen una serie de síntomas: malestar general, fiebre, tos, diarrea, erupciones cutáneas, ...muchas y variadas molestias que anhelamos ver desaparecer cuanto antes. Pero estos síntomas no son la enfermedad, son la señal de que algo anda mal en el interior de nosotros mismos y a la vez son mecanismos de defensa, intentos mas o menos exitosos de nuestro organismo destinados a luchar contra aquello que nos está perturbando y recobrar el equilibrio perdido. Por eso no tiene sentido en la mayoría de los casos suprimir los síntomas ya que tan solo ocultamos el mensaje de alarma y privamos a nuestro organismo de sus medios de defensa. Lo lógico sería potenciar estos mecanismos de autocuración actuando en el mismo sentido en el que lo intenta la naturaleza. Y así es como actúa la homeopatía potenciando la fuerza curativa que lodos tenemos, y que es inherente al hecho de estar vivos.

¿Qué tiene de peculiar un medicamento para que se pueda denominar como homeopático? En primer lugar lo que califica la homeopaticidad de estos fármacos es el haber sido sometidos a un estricto protocolo de experimentación en voluntarios sanos durante varios años y después ha de ser comprobada su eficacia en los enfermos, siendo esta experiencia contrastada por médicos homeópatas de todo el mundo. 

Además el proceso de elaboración de los medicamentos, aunque no sea esencial de la homeopatía si es exclusivo de esta: Los principios activos, que pueden ser tanto de origen vegetal, como animal o mineral, son sometidos a diluciones sucesivas, y enérgicas sacudidas llamadas sucuciones.

Estos medicamentos son los únicos que pueden tomar niños y embarazadas sin peligro alguno. Últimamente, diversos estudios científicos han demostrado su eficacia, y especialmente su utilidad en el tratamiento de las enfermedades crónicas, enfermedades agudas de la infancia y grandes epidemias.

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